Nací cuando te toqué.

Dedicatorias de amor para mi novia

Tanto ansiaba llegar a este momento, en donde todo es silencio y sólo los pájaros cantan para saber que están vivos. Llegar una y otra vez a donde nunca he llegado, explorar uno a uno cada centímetro del universo en tu mano. Y es ahí, cuando dos manos se tocan, cuando nace la luz. Nací cuando te toqué. Nací sin nombre, sin edad, sin patria, sin ego. Me di cuenta de que no necesitaba un pensamiento impuesto y entonces pensé en ti. En una pureza que sólo se podría encontrar en tu mirada.

Te vi alimentando al mundo, regresándole un poco lo que te ha dado, desprendiéndote por completo de ti, y no pude evitar querer irme contigo, escapar por fin de este lugar en donde las miradas no dejan de juzgar.

No hay espacio para el miedo en mi corazón, porque en el centro de todo está tu luz, iluminando los caminos que hemos de tomar con las manos entrelazadas, como las raíces de dos árboles que decidieron unirse para toda la eternidad.

¿Y qué es la eternidad sino este segundo? ¿Qué es el infinito sino estas palabras? ¿Qué es el amor sino lo que hay entre nosotros? Y a través de nuestras almas podremos ser testigos de lo que es la realidad. La verdadera realidad. No esa realidad ilusoria en donde lo que importa es lo que los demás piensan de ti. No esa superficialidad en donde lo que no da vida es considerado muerte. ¿Y qué es la muerte sino la vida? ¿Qué es la vida sino la muerte? Es que no existe diferencia alguna, son simplemente dos extremos de la eternidad tocándose por unos segundos.

Y mis palabras se escapan como saliendo de una cárcel de mil años, queriendo llegar a ti por cada uno de tus sentidos. Caminamos juntos y a cada paso vamos dejando vida. Los árboles crecen ahí en donde tú sembraste tu mirada. El cielo no es más que un lienzo en donde te veo dibujada de muchas maneras. Mis ojos no son más que los instrumentos que utiliza mi alma para hacerme saber que eres tú lo que faltaba. Eres tú lo que siempre estuvo detrás de todo, y cuando por fin decidiste salir por mí, entonces tomé tu mano y nos fuimos volando a otro mundo. Uno en donde el ego deja de existir para dar paso al desprendimiento. Y al final de ese camino estamos nosotros, acariciando el límite del universo con la punta de los dedos.

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