¿Cuántas casualidades?

¿Cómo saber si es el amor de tu vida?

 

¿Cuántas casualidades se necesitan para que dos personas se conozcan? Más aún; ¿cuántas casualidades se necesitan para que dos personas se unan emocionalmente en un mismo sentimiento? Para saberlo podríamos irnos tan lejos como la creación del universo o tan cerca como el cruce de palabras. Eso depende de qué tan trascendente se sienta a la otra persona.
Yo por ejemplo, he decidido irme lo más lejos que pueda, pues cada nivel hace que la unión sea cada vez más significativa, importante y maravillosa.

Para poder conocer a alguien, primero se necesita una realidad justo como la tenemos ahora, en la que seres vivos sean capaces de razonar a tal grado que puedan sentir. Esta realidad sólo es posible gracias a la creación del universo (como sea que haya sido) y a su expansión por todo el espacio vacío que justo ahora está pasando por nuestros cuerpos. Después de la creación del universo, eran necesarias las galaxias, que después se fueron agrupando en cúmulos y súper cúmulos de galaxias, tantas como granos de arena existen en la tierra. Y en una pequeña galaxia aparentemente solitaria que después alguien llamó Vialáctea (poco importa el nombre), un montón de materia se mezcló de una manera tan uniforme y perfecta, usando unas leyes que nadie conoce (algunos las creen conocer), formando un pequeño y solitario sistema solar. Y de pronto, con el transcurso del tiempo (o lo que nosotros llamamos tiempo) en una parte de ese sistema solar, una luz comenzó a brillar. Era la vida.

¿Vida? ¿Qué es vida, después de todo? ¿Organismos vivientes  que fueron creados gracias a la combinación de una infinidad de factores que luego evolucionaron hasta poder percibir precisamente esos factores? ¿Es que acaso el universo se creía tan bello que luego tuvo que contemplarse a sí mismo a través de la vida? ¿Puede haber diferentes tipos de vida incapaces de reconocerse la una a la otra? Bueno, eso no importa (por ahora), ya que estamos aquí para responder la primer pregunta, o al menos intentarlo.

Luego de años (de nuevo, a lo que nosotros llamamos años), la vida (o lo que nosotros conocemos como vida) evolucionó hasta convertirse en una diversidad inmensa de organismos vivos, entre los cuales había una especie dominante (que así se autodenominó) llamados seres humanos.

¿Cuántas casualidades van hasta ahora? Y sólo hemos llegado a la creación de los seres humanos, habitantes del planeta al que llamamos tierra.

Los seres humanos tenemos la peculiaridad de saber organizarnos (o de pensar que sabemos), pero al mismo tiempo podemos pensar. Esa capacidad tan única de pensar y razonar ha hecho que surjan algunos malentendidos entre la humanidad (además de las diferencias físicas, étnicas, morales, religiosas, políticas, espirituales, y una lista que podría seguir hasta el infinito), unas fueron más grandes que otras, y cada una de ellas influyó de manera histórica el rumbo que tomó la humanidad.

Muchos conceptos se crearon (como todos los que he estado mencionando), el tiempo pasó y las dos personas que están a punto de conocerse nacieron. Hay que remarcar que para nacer antes tuvieron que haber pasado una infinidad de cosas, como que nacieran sus padres, sus abuelos, y todos sus antepasados.

Las dos personas que están a punto de conocerse tuvieron que haber recorrido su camino, sin conocer sus mutuas existencias, sin saber absolutamente nada el uno del otro. Tuvieron que tomar decisiones grandes o pequeñas que marcarían el rumbo de sus vidas, tomando demasiada importancia a las decisiones grandes, ignorando un poco lo mucho que una decisión pequeña puede cambiar.

Y de pronto ahí está: las dos personas por fin se conocen. Sus caminos se cruzaron y rompieron así todas las leyes de la probabilidad, pues el hecho de conocerse era algo que sólo podía pasar una vez en millones de millones de posibilidades. Y mejor aún: ambos comienzan a sentir algo. Se sienten bien en compañía de esa persona, como si sus cuerpos supieran que su encuentro es más que una maravilla del universo, más que una simple casualidad. Como si sus almas supieran que el hecho de compartir ideas, momentos, palabras, sentimientos, emociones y una inmensa cantidad de cosas, era algo que estaba destinado a pasar desde el momento de la creación del universo. Y ellos saben que se sienten bien el uno con el otro. Y ambos saben que estar juntos es algo maravillo. Y ellos sienten que las pequeñas cosas como su voz, su mirada o su sonrisa son tan bellas como contemplar la inmensidad del universo.
No sé cuántas casualidades se necesitan, sólo sé que la mayor de todas; es sentir lo mismo el uno por el otro.

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